Hijo

poitevin:

Entre mis manos el mundo
se detiene un breve instante,
y basta que te levante
para que de lo profundo,
un ciclón meditabundo
vaya agitando mis sienes,
pero sé que vas, no vienes.
Aprendes a caminar
frente a la orilla del mar:
ese mar que tú contienes.

Palíndromos

poitevin:

Con índice y pulgar haciendo un aro,
tomo en mi mano izquierda suavemente
la punta de algún verso impertinente,
y, dándole una vuelta, lo reparo.
Si aún así me suena un poco raro,
permuto letras al revés y al frente,
y cambia la textura. Ven y siente
la lisa urdimbre de este lienzo claro.
Mas no me pidas que te explique cómo
se escriben esos versos del comienzo
que luego sé pulir y volver tersos.
Ellos vienen a mí y yo los tomo
sin dejo de pudor. No me avergüenzo:
soy un prestidigitador de versos.

El camino es escritura y la escritura es cuerpo y el cuerpo es cuerpos (arboleda). Del mismo modo que el sentido aparece más allá de la escritura como si fuese el punto de llegada, el fin del camino (un fin que deja de serlo apenas llegamos, un sentido que se evapora apenas lo enunciamos), el cuerpo se ofrece como una totalidad plenaria, igualmente a la vista e igualmente intocable: el cuerpo es siempre un más allá del cuerpo. Al palparlo, se reparte (como un texto) en porciones que son sensaciones instantáneas: sensación que es percepción de un muslo, un lóbulo, un pezón, una uña, un pedazo caliente de la ingle, la nuca como el comienzo de un crepúsculo. El cuerpo que abrazamos es un río de metamorfosis, una continua división, un fluir de visiones, cuerpo descuartizado cuyos pedazos se esparcen, se diseminan, se congregan en una intensidad de relámpago que se precipita hacia una fijeza blanca, negra, blanca. Fijeza que se anula en otro negro relámpago blanco; el cuerpo es el lugar de la desaparición del cuerpo. La reconciliación con el cuerpo culmina en la anulación del cuerpo (el sentido). Todo cuerpo es un lenguaje que, en el momento de su plenitud, se desvanece; todo lenguaje, al alcanzar el estado de incandescencia, se revela como un cuerpo ininteligible. La palabra es una desencarnación del mundo en busca de su sentido; y una encarnación: abolición del sentido, regreso al cuerpo. La poesía es corporal: reverso de los nombres.

Octavio Paz, fragmento de El mono gramático, 1970.

(via cajondevidrio)

Entrevista a Jorge Luis Borges en la Television Española.

Los que pretenden, trabajen; los que comienzan, imiten; los que ignoran, aprendan; los que saben, agradezcan; los que maldicen, escriban, que hablando mal no se alcanza fama, sino escribiendo bien — Lope de Vega, El Peregrino en su patria (via cajondevidrio)

Soledad

poitevin:

Mi soledad es hiedra. Se me enreda.
Anuda mi garganta con sus ramas.
Sus hojas verdinegras son la seda
que envuelve la enjutez de mis escamas.
Las yemas de mis dedos en mis cejas,
la picazón de umbela en mis rodillas,
mi cuerpo se deshoja entre las rejas,
me ahogo entre las flores amarillas.
Mi soledad se nutre por sí sola:
no necesita pan ni vino tinto.
Es mi caparazón, mi caracola,
mi cerca, mi pared, mi laberinto,
mi urdimbre, mi cadena, mi trinchera,
mi más enmarañada compañera.

portareflejosobsesiones:

Frouxeira 6*7 II [Explore] [Frontpage] (by Ramón Espelt)

portareflejosobsesiones:

Frouxeira 6*7 II [Explore] [Frontpage] (by Ramón Espelt)

Radiohead - Nude (Scotch Mist Version)